<p>Foto: Golden State Warriors.<p>

Foto: Golden State Warriors.

Cambiar las reglas del juego: el nuevo marcador de la sostenibilidad

En sus orígenes, el baloncesto era un aburrimiento. En los partidos, los equipos que iban ganando retenían el balón indefinidamente hasta agotar el tiempo. La baja anotación eliminaba cualquier atisbo de emoción. Pero el 22 de abril de 1954, Danny Biasone, fundador de los Syracuse Nationals que luego se convertirían en los Philadelphia 76ers, introdujo el reloj de posesión de 24 segundos. Con tan poco tiempo o encestabas rápidamente o estabas muerto. Sin alharacas, el público regresaba a los estadios y los patrocinadores mantenían sus aportaciones económicas...
25 febrero 2026

La verdad es que había jugadores que ofrecían un gran espectáculo, pero su baja estatura en comparación con los gigantes les hacía estar en desventaja. La clave era sencilla pero eficaz: “balones al pívot” quien, cerca de la canasta, conseguía dos puntos sencillos, baratos… y sosos. Se requería otra vuelta de tuerca más. En 1979 la NBA y en 1984 la FIBA establecieron una línea a 6,25 metros de la canasta (luego se ampliaría la distancia incluso más) cuyos encestes valdrían tres puntos. El baloncesto estaba salvado.

En ocasiones tenemos que cambiar las reglas del juego. ¿Estamos de acuerdo en que la contaminación es perjudicial para las salud de las personas, los animales y el planeta? ¿Somos conscientes que hay sustancias naturales o sintéticas, elementos físicos o energías que, introducidos en el aire, el agua o el suelo provocan efectos nocivos?

Las emisión de gases y partículas sólidas (CO2, óxidos de nitrógeno, ozono) alteran la calidad del aire y la atmósfera. Por no hablar de las consecuencias de la presencia de desechos industriales, químicos, aguas residuales y plásticos en ríos, lagos y océanos. O la alteración de la tierra por sustancias químicas de uso agrícola (pesticidas), minero o industrial y por los vertidos…

A la contaminación química, algunas tóxicas incluso en concentraciones mínimas y difíciles de eliminar, se suman microplásticos, microorganismos patógenos (bacterias, virus). También la radioactiva (accidentes y residuos, minería, sanidad, militar…), acústica, lumínica o electromagnética. Y la visual que altera la estética del paisaje (carteles, aerogeneradores, postes eléctricos…) y espacial (desechos y satélites inactivos en la órbita terrestre…).

Estrategias, acciones, efectos y reacciones

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en 2015 y la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) pusieron sobre la mesa retos, planes y acciones. En 2018 los Estados de Información No Financiera (EINF) vinieron para testificar los avances ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) de las empresas. Un buen intento, pero la sensación es que se quedó todo en agua de borrajas. El greenwishing campa a sus anchas. Los deseos por ser verde ponen la vista tan a largo plazo que planifican estrategias, pero no acciones. Tampoco se analizan las desviaciones producidas ya que los objetivos son, realmente, una quimera. Y 2030 está, como quien dice, a la vuelta de la esquina.

Ahora, las Normas Europeas de Información en Sostenibilidad (NEIS) quieren aportar simplificación, coherencia y foco, para que las memorias de sostenibilidad sean verdaderos cuadros de mando integrales (CMI) con los que gestionar el impacto, los riesgos y las oportunidades (IRO), siempre desde la perspectiva de la doble materialidad, en su cuenta de resultados y en sus afecciones a sus grupos de interés.

Mientras tanto, constatamos que en los partidos de la NBA hay 37,6 intentos de triples por partido cuando hace diez años, eran 22,4 y hace veinte, 15,8. Simplemente con tener un porcentaje de aciertos del 35% de tres puntos ya es más rentable que encestar el 50% de los tiros de dos. Un jugador como Stephen Curry llega a los 4.000 triples en su carrera. El juego corre el riesgo de convertirse en un concurso de triples. Se imponen nuevas soluciones. ¿Permitir más contacto físico en el perímetro ante el descenso en los puntos anotados desde la pintura? ¿Señalar más faltas técnicas por simulación (flopping) o conducta inapropiada?

Tanto en el baloncesto como en la RSC, no hay acción sin impacto, ni riesgo que no pueda convertirse en oportunidad.

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