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Talento femenino y reputación: el liderazgo que impulsa el valor empresarial
Los intangibles son palancas críticas de competitividad y así lo defendemos en Corporate Excellence. La diversidad, y en particular la creciente presencia de mujeres en posiciones directivas está transformando la forma en la que estos activos se gestionan y se proyectan. Más allá de las cuotas de representación, la pluralidad de perspectivas mejora la calidad de las decisiones y refuerza la coherencia estratégica.
Los datos respaldan esta conexión. El informe Women in Business 2025, de Grant Thornton, evidencia que las empresas con diversidad en sus equipos de liderazgo tienen un 25% más de capacidad de atraer talento cualificado. Además, según el estudio, la diversidad de género ha dejado de percibirse como un requisito para convertirse en un valor estratégico que impulsa la innovación, mejora los resultados y facilita la sostenibilidad empresarial. España, en este sentido, se sitúa como referente europeo en el avance hacia equipos directivos más equilibrados.
La relación entre diversidad y rentabilidad también se confirma en el estudio Diversity Wins: How Inclusion Matters, de McKinsey & Company, que concluye que las compañías con mayor diversidad de género y étnica tienen un 25% más de probabilidades de obtener resultados financieros superiores al promedio. El motivo es sencillo: la pluralidad amplía la capacidad de innovar, facilita la anticipación de riesgos y fortalece la toma de decisiones. No es solo una cuestión ética, sino una ventaja competitiva.
Incluso desde una perspectiva macroeconómica, la igualdad de género se traduce en crecimiento. Investigaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) indican que eliminar la brecha de género en mercados en desarrollo podría elevar su PIB en un promedio del 23%. La inclusión impacta, por tanto, en la prosperidad económica y en la estabilidad de los entornos donde operan las empresas.
Liderazgo responsable y colaborativo
Más allá de las cifras, el liderazgo femenino está aportando atributos especialmente relevantes para la gestión reputacional. Como demuestra el estudio anual de tendencias de Corporate Excellence – Centre for Reputation Leadership Approaching the Future 2025, el liderazgo responsable es una de las tendencias clave de la agenda empresarial en la actualidad. Dentro de sus ámbitos de acción, la conducta ética y la cultura basada en valores son aspectos centrales. Y, precisamente, estudios recientes señalan que las mujeres en puestos de dirección tienden a adoptar estilos más colaborativos, empáticos y orientados al propósito.
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En el ámbito de los intangibles –comunicación, reputación, sostenibilidad, cultura o marca– la transformación es especialmente visible: se trata de ámbitos de gestión con creciente presencia femenina en posiciones directivas. Según el estudio Women in Business 2025, en empresas medianas, el 47,6% de los puestos de dirección en Recursos Humanos y el 33,3% de los cargos de dirección de Marketing (CMO) están ocupados por mujeres. Son funciones estratégicas estrechamente vinculadas a la gestión de activos intangibles y a la creación de valor a largo plazo.
En definitiva, la gestión de intangibles exige comprender expectativas sociales, articular propósito y traducir valores en decisiones concretas. Cuando la diversidad forma parte real de la gobernanza, la organización refuerza su coherencia interna y proyecta mayor legitimidad externa. Esa confianza se traduce en compromiso del talento, preferencia de marca y resiliencia en contextos de alta incertidumbre.
Superar la última barrera de la dirección
Persisten, sin embargo, barreras que aún limitan el acceso de las mujeres a las posiciones de máxima responsabilidad (socia, presidenta o CEO). En este sentido, de nuevo, no se trata solo de equilibrar cifras, sino de asegurar que la diversidad influya de forma efectiva en la estrategia y en el modelo de negocio.
Integrar el talento femenino y la diversidad en el corazón de la organización fortalece la reputación y mejora el desempeño económico (...). Las empresas no solo avanzan en equidad; también en competitividad, resiliencia y creación de valor.
En este momento, las mujeres directivas tenemos que ser conscientes de la importancia de visibilizar referentes y demostrar que el liderazgo no tiene género. Las nuevas generaciones necesitan modelos que acrediten que la diversidad es un activo estratégico para el éxito empresarial. Y en el terreno de los intangibles, donde la confianza y la buena reputación son el principal capital, esta convicción resulta imprescindible.
Además, la diversidad no solo responde a una demanda ética o corporativa, sino también generacional. Las nuevas generaciones están redefiniendo qué esperan de las empresas y de sus líderes. Según el Page-Harris Poll 2026, la generación Z incluye la igualdad de género, la salud mental o el impacto social entre sus principales prioridades al valorar el impacto y contribución de las empresas. Por tanto, la legitimidad empresarial ya no se construye únicamente desde el desempeño económico, sino desde la capacidad de representar valores inclusivos y responder a sensibilidades sociales emergentes. En este sentido, la diversidad se convierte en un lenguaje común entre empresa y sociedad: un indicador visible de coherencia, justicia y futuro compartido. Integrar perspectivas diversas no solo mejora la toma de decisiones, sino que conecta a las organizaciones con el talento joven, que busca entornos donde la inclusión no sea un discurso, sino una experiencia real.
En el Día de la Mujer, nuestro mensaje es claro: integrar el talento femenino y la diversidad en el corazón de la organización fortalece la reputación y mejora el desempeño económico. Allí donde la diversidad se convierte en parte estructural del liderazgo, las empresas no solo avanzan en equidad; avanzan en competitividad, resiliencia y creación de valor.

