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El teletrabajo fomenta la natalidad
Al menos así lo explica el estudio Work from Home and Fertility, recientemente publicado, que revela que la flexibilidad de trabajar desde casa está impulsando significativamente las tasas de natalidad en la era pospandemia. El resultado de la investigación es contundente: las personas que teletrabajan al menos un día a la semana no solo planean tener más hijos, sino que ya los están teniendo en mayor medida que quienes trabajan exclusivamente de forma presencial.
La investigación, liderada por economistas de las universidades de Stanford y Princeton en Estados Unidos y el King’s College de Londres, está basado en encuestas a 11.000 trabajadores de 38 países y en grandes bases de datos laborales, sobre todo de Estados Unidos. Concluye que las personas que trabajan desde casa al menos un día a la semana tienen más hijos, o planean tenerlos, que quienes no disponen de esa posibilidad. Y la diferencia es notable. Cuando ambos miembros de una pareja pueden teletrabajar al menos un día a la semana, la fertilidad esperada aumenta en torno a 0,32 hijos por mujer respecto a parejas en las que ninguno puede hacerlo. En Estados Unidos, por ejemplo, se calcula que gracias al teletrabajo nacieron unos 291.000 niños en 2024, el 8,1% del total.
Son bien conocidas las razones que han reducido las tasas de fecundidad en las sociedades desarrolladas muy por debajo del nivel de reemplazo generacional: el aumento del coste de criar hijos, la incertidumbre económica, los cambios culturales, el retraso en la formación de familias y, por último, pero no menos importante, la dificultad para compaginar la carrera profesional y la maternidad: millones de parejas se enfrentan al dilema de la elección entre carrera y familia, que se convierte en una decisión estructural en sus vidas.
Desde luego, el teletrabajo no elimina este último dilema, pero sí puede suavizarlo. Permite reorganizar tiempos, reducir desplazamientos y aumentar la flexibilidad en la vida cotidiana. En definitiva, facilita que el trabajo remunerado y el cuidado de los hijos convivan en el mismo espacio temporal. Y, además de la mayor flexibilidad, el estudio afirma que los trabajadores que tienen la posibilidad de teletrabajar dos o tres días por semana declaran que, en términos de bienestar, es como si obtuvieran un 5% de aumento salarial: más flexibilidad y, al menos psicológicamente, más sueldo, es un punto de partida ideal para plantearse la llegada del hijo.
De esta forma, los investigadores explican los tres mecanismos principales del vínculo entre teletrabajo y fertilidad. Uno es la facilidad de conciliación: al reducir los tiempos de desplazamiento y permitir una gestión más flexible de las tareas domésticas, el teletrabajo disminuye el “coste de oportunidad” de tener hijos. El segundo es la selección de empleo: las familias que desean hijos buscan activamente puestos que ofrezcan esta flexibilidad. El tercero, la reducción del estrés de coordinación: el hecho de que ambos tengan opciones de trabajo remoto facilita enormemente a la pareja la logística diaria de la crianza.
Durante décadas, muchos gobiernos han intentado aumentar la natalidad mediante políticas tradicionales: subsidios por hijo, desgravaciones fiscales, permisos parentales o servicios de educación infantil. Estas medidas pueden tener efectos positivos, pero la evidencia sugiere que su impacto suele ser limitado o muy costoso. Algunas aumentan la natalidad a corto plazo, pero no necesariamente el número total de hijos que una persona tendrá a lo largo de su vida.
Al suavizar el conflicto entre carrera y familia, el teletrabajo está permitiendo que miles de personas den el paso hacia la paternidad, algo que las políticas tradicionales de subsidios directos no logran con la misma eficacia.
La aportación del estudio de Standford, Princeton y el King’s College sugiere que el teletrabajo podría tener efectos comparables –o incluso superiores– a algunas políticas públicas. Esto no significa que estas no sean innecesarias, pero sí apunta a que la organización del trabajo es un elemento central de la política demográfica, y que así debería plantearse por los poderes públicos y las empresas.
El estudio también revela que el trabajo en remoto puede conllevar una nueva desigualdad, pues se concentra en ocupaciones cualificadas y en trabajadores con estudios superiores. Se observa que el aumento de nacimientos tras la pandemia se concentró en grupos con mayor acceso al trabajo remoto, especialmente mujeres con educación universitaria. Si esta tendencia se consolida, la conciliación podría convertirse en un nuevo factor de desigualdad social: algunas familias dispondrán de herramientas para combinar empleo y maternidad, mientras otras seguirán enfrentándose a estructuras laborales rígidas. Es algo que deberían tener presente los gobiernos y las empresas.
Aunque el teletrabajo no es la solución mágica para la crisis demográfica global, el estudio demuestra que puede ser una pieza fundamental del rompecabezas de la natalidad. Al suavizar el conflicto entre carrera y familia, el trabajo desde casa está permitiendo que miles de personas den el paso hacia la paternidad, algo que las políticas tradicionales de subsidios directos a menudo no han logrado con la misma eficacia. La investigación confirma que el teletrabajo pasa de ser de una cuestión de modernización empresarial a convertirse en una decisión estratégica para la sostenibilidad demográfica y social. Como tal deberíamos tratarlo.

