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A la dcha. Carlos Aguilar (CNMC) junto a Rodrigo Cetina-Presuel (UPF). En la pantalla, Beatriz Marín García (Servicio Europeo de Acción Exterior) y Mikel Aguirre Idiaquez (Unesco).
Instituciones públicas respaldan los estándares del Observatorio de Medios contra la desinformación
Representantes de instituciones públicas, organismos europeos y organizaciones internacionales se han dado cita en Barcelona en el seminario Defining the Corporate Role in Combating Online Disinformation, organizado por el Observatorio de Medios e Información Responsable —una iniciativa de las Fundaciones Haz y Ethosfera— en colaboración con Red.es, entidad pública adscrita al Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública, y UPF Barcelona School of Management.
Durante la jornada se presentaron los nuevos estándares de información responsable para empresas del IBEX 35, desarrollados por el Observatorio con el objetivo de ayudar a las organizaciones a gestionar los crecientes riesgos asociados a la desinformación y fortalecer la credibilidad de su comunicación corporativa.
Los estándares proponen un conjunto de principios, políticas y prácticas de gobernanza de la información que permiten a las compañías prevenir riesgos derivados de campañas de manipulación informativa, reforzar la transparencia y mejorar la confianza de sus grupos de interés.
La presentación estuvo a cargo de Elena Herrero-Beaumont, directora de Ethosfera y codirectora del Observatorio junta con Javier Martín Cavanna, quien explicó que el auge de la desinformación obliga a las empresas a incorporar este fenómeno dentro de sus sistemas de gestión del riesgo. “Estamos viviendo una guerra de información y debemos tomar conciencia de la severidad de esta situación”, señaló. “Las empresas son víctimas de la desinformación, pero también pueden ser generadoras de la misma. Estos estándares ofrecen una guía para desarrollar prácticas y procedimientos que garanticen una información responsable”.
A lo largo de la jornada, representantes de instituciones europeas y organismos internacionales respaldaron la iniciativa y subrayaron la necesidad de avanzar hacia marcos comunes que permitan fortalecer la integridad de la información en una sociedad democrática.
La desinformación entra en la agenda empresarial
En la primera mesa redonda, dedicada al contexto europeo, participaron Beatriz Marín García, analista del Servicio Europeo de Acción Exterior; Carlos Aguilar, miembro del European Media Services Board de la CNMC, y Mikel Aguirre Idiaquez, experto en libertad de expresión y desarrollo de medios en Unesco. La conversación fue moderada por Rodrigo Cetina-Presuel, profesor de la UPF Barcelona School of Management.
Durante el debate se destacó que la calidad de la información se ha convertido en un factor clave para el funcionamiento, ya no solo de las democracias, sino de las economías y de las empresas. En este sentido, Carlos Aguilar subrayó que “las decisiones que toma toda gran empresa se basan en la información que recibe”. Cuando esa información no es fiable, advirtió, “el coste se incrementa, el coste de tener que filtrarla, de tener que atacarla, de tener que debatirla o incluso de tener que lanzar una campaña de contrainformación”.
“Las empresas son víctimas de la desinformación, pero también pueden ser generadoras. Estos estándares ofrecen una guía para garantizar una información responsable”, Elena Herrero-Beaumont.
En su intervención, Beatriz Marín, analista del Servicio Europeo de Acción Exterior, subrayó que las empresas se han convertido en objetivos estratégicos de campañas de manipulación informativa vinculadas a conflictos geopolíticos. Según explicó, estas campañas no solo buscan dañar la reputación o los intereses económicos de determinadas compañías, sino erosionar los valores y posiciones políticas que estas representan.
Marín advirtió además de que la desinformación opera hoy como una verdadera industria, con cadenas de producción y financiación que en ocasiones involucran —de forma consciente o involuntaria— a actores del sector privado. En este contexto, hizo un llamamiento a que las empresas asuman un papel más activo para reducir estos riesgos y evitar contribuir, incluso indirectamente, a la difusión o financiación de contenidos desinformativos.
Por su parte, Mikel Aguirre, experto en libertad de expresión y desarrollo de medios de la Unesco, alertó del deterioro de la libertad de expresión, que ha descendido un 10% desde 2012, una caída que, según explicó, solo tiene precedentes comparables en momentos de fuerte tensión histórica como la Primera y la Segunda Guerra Mundial o el periodo de mayor confrontación durante la Guerra Fría. Ante este contexto, Aguirre insistió en que “no hay otro camino más que trabajar y colaborar de forma conjunta” entre reguladores, sociedad civil, academia, plataformas y sector privado para afrontar los riesgos del entorno digital. En este sentido, valoró positivamente iniciativas como el Observatorio de Medios e Información Responsable, señalando que estándares de este tipo pueden contribuir a articular mecanismos de autorregulación dentro de los nuevos modelos de gobernanza del espacio informativo.
“No hay otro camino más que trabajar y colaborar de forma conjunta” entre reguladores, sociedad civil, academia, plataformas y sector privado para afrontar los riesgos del entorno digital”, Miguel Aguirre (Unesco).
Empresas y desinformación: un reto para la seguridad y los mercados
La segunda mesa redonda abordó el papel de las empresas en la gestión de estos riesgos desde la perspectiva de la seguridad nacional y del funcionamiento de los mercados. En el debate participaron Alejandro González, del Departamento de Seguridad Nacional; José María Valls López-Laguna, jefe de la Unidad de Apoyo de la Dirección General de Ordenación de los Servicios de Digitalización y de Comunicación Audiovisual de la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial; y José Miguel Cansado, Chief Growth Officer de Alto Intelligence.
Durante la conversación se destacó que las empresas se están convirtiendo en objetivos cada vez más frecuentes de operaciones de manipulación informativa. Según explicó Alejandro González, “las empresas empiezan a ser objetivos tanto directos de campañas de desinformación como víctimas secundarias de operaciones dirigidas contra los Estados”.
Los estándares del Observatorio ofrecen una guía para que el IBEX 35 integre la desinformación en sus sistemas de gestión de riesgos. En la imagen, Elena Herrero-Beaumont, codirectora del Observatorio.
Por su parte, José Miguel Cansado señaló que la desinformación ya no puede considerarse únicamente un problema reputacional, sino un fenómeno con impacto directo en la economía: “esto ya no es solo un problema de reputación; tiene efectos en cómo se comportan los mercados, los reguladores y los clientes”.
En el ámbito europeo, José Valls recordó que ya se está empezando a debatir cómo avanzar hacia mecanismos que permitan promover una mejor financiación del periodismo fiable. Según explicó, las últimas conclusiones de la Presidencia danesa del Consejo de la Unión Europea incluyen “una mención explícita a explorar mecanismos que favorezcan o promuevan una mejor financiación de medios veraces”, aunque advirtió que trasladar estas declaraciones de intenciones a normas concretas plantea debates complejos.

