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La solar desbanca al gas y encabeza el crecimiento energético mundial
La solar fotovoltaica marcó en 2025 un hito en la transición energética global: por primera vez, fue la tecnología que más aportó al crecimiento del suministro mundial de energía. No se convirtió todavía en la principal fuente total del sistema energético, pero sí en la que más tiró del aumento de la oferta, por delante del gas natural, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE).
El organismo, en su informe anual Global Energy Review 2026, sitúa el crecimiento de la demanda mundial de energía en el 1,3% el pasado año, por debajo del 2% registrado en 2024 y ligeramente por debajo también de la media de la última década. La ralentización, explica la AIE, estuvo ligada a un menor pulso de la economía global, a temperaturas menos extremas en algunas regiones y al avance de tecnologías más eficientes.
Frente a esa moderación general, la electricidad volvió a avanzar a otro ritmo. Su demanda creció alrededor de un 3%, más del doble que el conjunto de la energía, confirmando una tendencia que gana peso año tras año: la electrificación de las economías. Detrás de ese repunte aparecen tanto el consumo en edificios e industria como dos motores cada vez más visibles, los vehículos eléctricos y los centros de datos.
En ese contexto, la solar fotovoltaica fue la mayor contribuyente al crecimiento del suministro energético mundial en 2025, con más de una cuarta parte del incremento total. El gas natural ocupó la segunda posición, con el 17%, todavía sostenido por su peso en la generación eléctrica en muchos países. En conjunto, las renovables y la nuclear cubrieron cerca del 60% del aumento de la demanda global.
Detrás de ese repunte estuvieron la electrificación de edificios e industria, pero también dos vectores cada vez más decisivos: el coche eléctrico y los centros de datos. Las ventas mundiales de vehículos eléctricos crecieron más de un 20% en 2025 y superaron los 20 millones de unidades, hasta representar uno de cada cuatro coches nuevos vendidos en el mundo.
La AIE subraya además que el petróleo siguió creciendo, aunque cada vez con menos empuje. La demanda mundial de crudo avanzó un 0,7%, contenida en parte por la expansión del vehículo eléctrico, cuyas ventas aumentaron más de un 20% el año pasado hasta superar los 20 millones de unidades. Uno de cada cuatro coches nuevos vendidos en el mundo en 2025 fue ya eléctrico, un cambio que empieza a dejar huella en el consumo de combustibles para carretera.
También el carbón mantuvo una evolución mucho más débil que en años anteriores. Su demanda creció, pero a menor ritmo, con comportamientos muy distintos entre países. China redujo su uso en generación eléctrica gracias al empuje renovable, India contuvo su avance por factores meteorológicos y Estados Unidos, en cambio, recurrió más al carbón en un contexto de altos precios del gas y fuerte demanda eléctrica.
Uno de los datos más llamativos del informe es el salto de la generación solar. La producción fotovoltaica aumentó en 600 teravatios hora en 2025, el mayor incremento estructural jamás registrado en un solo año por una tecnología de generación eléctrica, según la AIE. A ello se sumó el fuerte avance del almacenamiento: las baterías fueron la tecnología que más creció en el sector eléctrico, con unos 110 gigavatios de nueva capacidad.
El nuevo mapa energético también dejó diferencias marcadas entre grandes economías. China siguió concentrando la mayor parte del crecimiento global de la demanda, aunque su ritmo se moderó hasta el 1,7%, mientras que Estados Unidos registró uno de sus mayores aumentos del siglo —al margen de los años de rebote tras crisis— impulsado por la actividad industrial, el frío invernal y el consumo de los centros de datos.
Pese al avance de las tecnologías de bajas emisiones, las emisiones globales de CO2 vinculadas a la energía todavía crecieron alrededor de un 0,4% en 2025. China logró reducirlas gracias al despliegue de renovables y otras fuentes limpias, e India las mantuvo prácticamente estables por primera vez desde los años setenta, excluido el paréntesis de la pandemia.

