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El fondo de inversión Paz Mundial
Vietnam, 1968. ‘Home is where you dig’. US Marine Corps / National Archives (NAID: 532482).
Pronto se dieron cuenta de que los dólares eran mucho más efectivos que consignas y gritos. Había nacido el consumo responsable. El boicot a las empresas que se lucraban gracias a sus relaciones bélicas comenzó a hacer mella en las empresas textiles que proveían de uniformes al Ejército.
Cayó en picado la reputación de las constructoras y gestoras de infraestructuras esenciales (puertos, puentes, bases navales y aéreas, hospitales…). Fue el caso de RMK-BRJ (Raymond International, Morrison-Knudsen, Brown & Root, y J.A. Jones Construction) o de Brown & Root (ahora parte de Halliburton). Lo mismo le sucedió a Caterpillar Tractor Company que reportó beneficios récord en 1965 manchados por las contratas públicas. También a BP que suministró ingentes cantidades de combustible o a Continental Airlines, encargada de transportar tropas y suministros. Químicas como Dow Chemical o Monsanto (hoy filial de Bayer), fabricantes del incendiario napalm y del herbicida agente naranja, se convirtieron en símbolos de la devastación.
En 1971 Luther Tyson y Jack Corbett, dos ministros de la Iglesia Metodista Unida, crean el Fondo de inversión Paz Mundial, Pax World Fund (hoy Pax Sustainable Allocation Fund), el primer fondo de inversión socialmente responsable (ISR). Se trataba de excluir de la cartera de inversión de la Iglesia a empresas como las arriba descritas. El 27 de enero de 1973 se decretó el cese al fuego y la salida de las tropas estadounidenses tres meses después. Desafortunadamente, tras la caída de Saigón, el país se sumergió en un régimen comunista del terror y represión con campos de reeducación de trabajo forzado, persecución política, pobreza extrema y éxodo.
En todo el mundo, la violencia sigue siendo una constante en 2026. Rusia contra Ucrania, Israel contra Irán, Siria, Hamás, Líbano y Yemen, asesinatos de cristianos en Nigeria, Sahel (Burkina Faso y Malí) o República Democrática del Congo (RDC), paramilitares y narcotraficantes en Sudán, Myanmar, Venezuela, México… ¿Justifican los 30.000 muertos por la represión de la teocracia islamista los ataques de EE. UU? ¿Y si fueran 3.117 los asesinados? Esas son las cifras que reconoce oficialmente el Gobierno iraní. Los heridos, mutilados, torturados, encarcelados ¿cuentan?
Tradicionalmente los fondos de inversión con criterios ASG (Ambientales, Sociales y de Gobernanza) han venido excluyendo automáticamente a las empresas de armamento y defensa. Pero ¿es posible dialogar con fanáticos, terroristas o corruptos? ¿Se puede proteger tan solo con palabras la seguridad y el bienestar de las personas, la educación, la sanidad o el acceso al agua potable? ¿Es necesaria la disuasión para mantener la paz?
¿Se puede proteger tan solo con palabras la seguridad y el bienestar de las personas, la educación, la sanidad o el acceso al agua potable? ¿Es necesaria la disuasión para mantener la paz?
Una vez contestadas las preguntas anteriores, quedarían otras: ¿Qué riesgos hay de que las armas caigan en manos de delincuentes o tiranos maquiavélicos, narcisistas y psicópatas? ¿Qué sucede con el principio de “no causar daño significativo” (DNSH, por sus siglas en inglés Do No Significant Harm)? ¿Un sector como el de defensa, hiperregulado cumple con garantías legales de gobernanza, transparencia y trazabilidad?
Imprescindible recordar a Sir Basil Zaharoff, el “mercader de la muerte”, ejecutivo de la Vicking Arms Co. Ltd., que inspiró a Hergé en la creación de Basil Bazaroff (La oreja rota, 1937). Vendía armas tanto al gobierno de San Theodoros como al de Nuevo Rico en una fratricida espiral sangrienta por el control del petróleo del Gran Chapo (referencia a la Guerra del Chaco).
El universo de Tintin está repleto de traficantes de armas y personas como el contrabandista real Henry de Monfreid (Los cigarros del faraón, 1934). O el ficticio J.M. Dawson, el antiguo jefe de policía de Shanghái (El loto azul, 1936), a quien, luego bajo la identidad de M. Debrett, el General Alcázar comprará los famosos aviones cazabombarderos De Havilland Mosquito (Stock de coque, 1958). También estará implicado en la red del Marqués di Gorgonzola (Rastapopoulos) y el jeque Bab El Ehr para derrocar al Emir Ben Kalish Ezab en el estado de Khemed, a orillas del Mar Rojo. La ficción y la realidad se confunden.

