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Viajar por negocios sin que el planeta pague el precio
Hasta hace no tanto, el viaje corporativo se medía sobre todo por coste, rapidez y comodidad. Hoy esos criterios siguen siendo importantes, pero ya no bastan y la sostenibilidad es uno de esos factores que está empezando a cambiar la conversación. Cada vez pesa más cómo se viaja, qué medio de transporte se elige o cómo puede aprovecharse mejor cada movimiento. La cuestión no es frenar los viajes de empresa, sino hacer que cada desplazamiento esté mejor pensado y sea más sostenible para el empleado y el entorno.
En BizAway hemos observado que este debate aparece cada vez más en las conversaciones con empresas. La sostenibilidad funciona mejor cuando no se plantea como una restricción, sino como una variable más dentro de la política de viajes. Al final, elegir una ruta, valorar un medio de transporte o coordinar mejor la agenda no debería responder solo a criterios de precio o rapidez. También debería ayudar a que cada desplazamiento tenga más sentido desde el principio y aporte valor tanto al negocio como a la forma en que la empresa se mueve.
La clave está en que la sostenibilidad no aparezca al final del viaje, cuando solo queda medir o compensar emisiones. Tiene que entrar antes, en la planificación. Muchas de las decisiones que más impacto tienen se toman en ese momento. Reservar con más antelación, comparar alternativas, diseñar itinerarios mejor coordinados o concentrar varias reuniones en un mismo desplazamiento puede marcar más diferencia que cualquier medida aplicada a posteriori.
Este cambio no afecta solo a la forma de moverse, sino a todo lo que rodea al viaje. El último Travel & Sustainability Report 2026 apunta que en 2025 se reservaron más de 100 millones de noches en alojamientos con certificación de sostenibilidad de terceros, una cifra que refleja cómo la información ambiental empieza a ganar peso también en la elección del alojamiento.
Lo mismo ocurre con el transporte. Según el informe 2026 Business Travel Index de GBTA, el 60% de los viajeros de negocios europeos utilizó el tren en sus desplazamientos durante 2025. Esto no significa que el tren vaya a sustituir al avión en todos los casos, ni mucho menos. Pero sí muestra que las empresas están empezando a mirar sus opciones de movilidad de otra manera, especialmente en rutas donde existen alternativas competitivas.
Para hacerlo bien, las empresas necesitan visibilidad. Saber qué rutas se repiten, qué medios de transporte utilizan los equipos o dónde se concentran los desplazamientos permite detectar patrones y ajustar las políticas de viaje con criterios reales, no solo con buenas intenciones. No se puede mejorar lo que no se mide.
También hay un punto que conviene no olvidar. Viajar de forma más sostenible no puede convertirse en otra carga para el empleado. Si elegir una opción más responsable implica más burocracia, más aprobaciones o más pasos, el sistema va a fallar. La tecnología tiene que servir justo para lo contrario: simplificar el proceso y facilitar que los criterios de impacto se incorporen de manera natural a la gestión diaria de los viajes. Solo así la sostenibilidad dejará de depender de decisiones aisladas para integrarse en la política de viajes y convertirse, con el tiempo, en un hábito.

