La acción social empresarial da el salto: de la filantropía al impacto estratégico

El Observatorio Empresarial para el Crecimiento Inclusivo, impulsado por Codespa, pone de relieve la evolución de la acción social empresarial hacia enfoques cada vez más estratégicos, integrados en el negocio y orientados a generar valor compartido, competitividad e impacto real en la comunidad.
23 abril 2026
<p>Foto: © Olga Vallego  Observatorio Empresarial para el Crecimiento Inclusivo.<p>

Foto: © Olga Vallego / Observatorio Empresarial para el Crecimiento Inclusivo.

La acción social empresarial ha evolucionado desde enfoques principalmente filantrópicos hacia estrategias más integradas en el negocio, capaces de generar valor compartido, fortalecer la competitividad y contribuir a la gestión de riesgos empresariales, según recoge un informe del Observatorio Empresarial para el Crecimiento Inclusivo, impulsado por la ONG Codespa.

La presentación del documento –Acción social empresarial. Estrategias con impacto en la comunidad– ha reunido a representantes del sector empresarial, entidades sociales y expertos en sostenibilidad, que han debatido sobre el papel creciente de la empresa como actor clave en la cohesión social y el desarrollo de los territorios.

“Hoy, las empresas no solo generan crecimiento. También generan —o pueden generar— oportunidades, cohesión social y futuro” señaló Andrés Fontenla Contreras, presidente de Codespa, durante la apertura del evento. “La acción social empresarial ha evolucionado, pero aún queda camino por recorrer. El reto ahora es pasar de la intención al impacto real”, añadió.

Según el informe, la acción social ha dejado de ocupar un lugar periférico para convertirse en un elemento cada vez más vinculado a la estrategia empresarial, con impacto directo en la forma en que las compañías generan valor y se posicionan en su entorno.

En palabras del equipo investigador, “las empresas que integran la acción social en su estrategia no solo generan impacto en la sociedad, sino que fortalecen su propio modelo de negocio, su resiliencia y su capacidad de adaptación en un entorno cada vez más complejo”.

El informe identifica además siete grandes beneficios de la acción social empresarial: posicionamiento y reputación, licencia social para operar, atracción y desarrollo de talento, innovación, acceso a financiación, mejora de la competitividad y gestión de riesgos de negocio.

En el documento se incluyen casos de empresas como Arquia Banca, Hijos de Rivera, Repsol, Aqualia, KPMG, Prosegur, Leroy Merlin o CaixaBank, que ilustran cómo la acción social, cuando está alineada con la estrategia empresarial, puede generar impacto social y valor económico de forma simultánea.

El debate posterior a la presentación ha puesto el foco en tres grandes tendencias: la profesionalización de la acción social, la importancia de la medición del impacto y la necesidad de avanzar hacia modelos de colaboración multiactor más sólidos y sostenibles en el tiempo.

En este sentido, Marta González-Moro, CEO de 21gramos, subrayó que “no basta con querer hacer bien las cosas: el impacto real ocurre cuando propósito, acción y medición están alineados”, y advirtió sobre la importancia de la coherencia para generar confianza.

Por su parte, Mónica Riberas, Managing Director de Fundación Gestamp, destacó que “el reto no es elegir entre medir o actuar, sino encontrar el equilibrio para que la medición ayude a tomar mejores decisiones y a generar impacto real”.

Asimismo, Arancha Escalada, directora de Sostenibilidad y Relaciones Institucionales de Reale Seguros y Reale Foundation España, puso el foco en la conexión con el territorio: “la acción social empieza cuando las empresas salen de la oficina, entienden las necesidades reales de la comunidad y alinean sus iniciativas con esa realidad”.

El informe responde a una evolución clara en el papel de la empresa en la sociedad. En un contexto donde crece la demanda de transparencia, propósito e impacto, la acción social se consolida como una herramienta clave para generar confianza, competitividad y legitimidad empresarial.

Sin embargo, el estudio también identifica desafíos relevantes: la falta de alineación entre estrategia empresarial y realidad territorial, la dispersión de iniciativas, la dificultad para medir impacto y el riesgo del “silencio social” ante el temor al social washing.

Frente a ello, propone avanzar hacia una acción social más estratégica, profesionalizada, basada en datos y orientada a resultados medibles, sin renunciar a la filantropía como respuesta necesaria ante emergencias sociales.

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