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Un DNI digital para transparentar la historia de cada producto
Durante décadas, la relación entre empresas y consumidores terminaba prácticamente en el momento de la compra. Un producto llegaba al mercado con información sobre sus características, precio o instrucciones de uso, pero poco se sabía sobre todo lo que había ocurrido antes y lo que sucedería después: de dónde procedían sus materiales, qué impacto había tenido su fabricación, si podía repararse o qué opciones existían para reciclarlo.
La Unión Europea quiere cambiar esta lógica con la implantación del Digital Product Passport (DPP), una herramienta que se convertirá en uno de los pilares de la transición hacia una economía más circular. Su objetivo es que los productos incorporen una identidad digital accesible para empresas, consumidores, reparadores, recicladores y administraciones, con información relevante sobre todo su ciclo de vida.
El pasaporte digital forma parte del Reglamento de Ecodiseño para Productos Sostenibles (ESPR, por sus siglas en inglés), en vigor desde el 18 de julio de 2024, que amplía el tradicional enfoque del ecodiseño más allá de la eficiencia energética. Hasta ahora, muchas normas europeas de diseño sostenible se habían centrado especialmente en reducir el consumo energético de determinados aparatos. Con el nuevo reglamento, Europa introduce criterios relacionados con la durabilidad, la reparabilidad, la reutilización, la actualización, el uso eficiente de recursos o la facilidad de reciclaje.
María Canal Fontcuberta, portavoz de la Representación en España de la Comisión Europea, explica en declaraciones a Haz que el pasaporte digital “desempeñará un papel central en el apoyo a la transición hacia una economía más circular y sostenible en la UE”. Según señalan, al proporcionar información fiable y específica sobre los productos a lo largo de todo su ciclo de vida, esta herramienta ayudará a transformar “la forma en que se diseñan, utilizan y gestionan los productos”.
La idea de fondo es sencilla: si una empresa sabe que tendrá que proporcionar información sobre la composición de un producto, su huella ambiental o su capacidad de reparación, tendrá mayores incentivos para diseñarlo de otra manera desde el principio.
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Con el nuevo reglamento, Europa introduce criterios relacionados con la durabilidad, la reparabilidad, la reutilización, la actualización, el uso eficiente de recursos o la facilidad de reciclaje.
Del ecodiseño a la economía circular: el impulso de Europa
El Digital Product Passport no nace como una iniciativa aislada, sino como parte de una estrategia más amplia para reducir el consumo de recursos y avanzar hacia un modelo económico menos dependiente de materias primas.
Según María Canal, cada año millones de toneladas de productos se convierten en residuos en Europa, muchos de ellos antes de haber agotado realmente su vida útil. La falta de información dificulta que consumidores y empresas puedan reparar, reutilizar o reciclar correctamente esos productos.
El DPP pretende resolver precisamente ese problema. Un consumidor podrá consultar información antes de comprar un producto y conocer aspectos como su composición o su reparabilidad. Una empresa de reparación podrá identificar materiales o componentes. Y un gestor de residuos tendrá más datos para recuperar recursos al final de la vida útil del producto.
Pero la transformación va más allá de ofrecer información al usuario final. Para las empresas, el pasaporte digital implica revisar procesos internos, recopilar datos de proveedores y conocer mejor la trazabilidad de sus cadenas de suministro.
Un consumidor podrá consultar información antes de comprar un producto. Una empresa de reparación podrá identificar materiales o componentes. Y un gestor de residuos tendrá más datos para recuperar recursos.
Gabriela Aguilar, head of B Corp Standards de B Lab Spain, explica a Haz que el impacto del DPP dependerá mucho de la madurez de cada organización. En su opinión, aquellas compañías que ya han integrado la sostenibilidad en su estrategia podrán verlo como una oportunidad porque les permitirá “demostrar con evidencia verificable lo que hay detrás de su producto”.
En cambio, para las empresas que han tratado la sostenibilidad únicamente como una cuestión de cumplimiento, la adaptación puede ser más compleja. Aguilar considera que el pasaporte digital “va a separar bastante rápido a las empresas que tienen una historia real que contar de las que no”.
Baterías, textil, electrónica…
La primera obligación con una fecha ya definida corresponde al pasaporte de baterías: será exigible desde el 18 de febrero de 2027 para las baterías de vehículos eléctricos, las baterías industriales de más de 2 kWh y las baterías para medios ligeros de transporte. Este caso ha recibido mucha atención porque obliga a garantizar información detallada sobre materiales, huella de carbono o procedencia de materias primas.
Sin embargo, el alcance del DPP será mucho mayor. El reglamento europeo prevé una implantación progresiva por categorías de productos. Los requisitos concretos —incluidos el contenido del pasaporte y la fecha de exigibilidad— dependerán de actos delegados específicos para cada grupo de productos. Entre los sectores prioritarios figuran el textil, los neumáticos, el mobiliario, el aluminio, el hierro y el acero, además de medidas horizontales relacionadas con la reparabilidad y determinados equipos eléctricos y electrónicos.
El 18 de febrero de 2027 es la primera fecha obligatoria definida: afectará a baterías de vehículos eléctricos, las baterías industriales de más de 2 kWh y las baterías para medios ligeros de transporte.
El sector textil es uno de los ejemplos más evidentes. La llamada moda rápida ha generado durante años un modelo basado en grandes volúmenes de producción y consumo rápido, con cadenas de suministro complejas y poca información para el consumidor. El pasaporte digital puede facilitar que una prenda incorpore datos sobre las fibras utilizadas, el origen de los materiales, su impacto ambiental o las posibilidades de reparación y reciclaje.
Algo similar ocurre con la electrónica. Conocer la composición de un dispositivo, la disponibilidad de piezas de repuesto o la facilidad para sustituir componentes puede favorecer modelos basados en la reparación y prolongar la vida útil de productos que actualmente se sustituyen con demasiada rapidez.
Para María Canal, de la Comisión Europea, esta extensión del DPP permitirá avanzar hacia “un mercado único más sostenible y digital”. Según explica, la herramienta puede generar beneficios tanto ambientales como empresariales, al facilitar el intercambio de información entre compañías y reducir duplicidades en la presentación de datos.
El gran reto: gestionar la información
Aunque la tecnología será una pieza importante del pasaporte digital, los expertos coinciden en que el principal desafío no será crear un código QR o una plataforma digital, sino disponer de información fiable detrás de ese sistema.
“El principal reto no es tecnológico, es de gestión del dato”, señala Gabriela Aguilar. Muchas empresas todavía no tienen una trazabilidad completa de sus cadenas de suministro, especialmente más allá de sus proveedores directos. Cuando el DPP empiece a exigir información sobre materiales, componentes o procesos de fabricación, muchas organizaciones tendrán que mejorar significativamente sus sistemas internos.
“La empresa que diseñe solo con miras de cumplimiento va a perder la oportunidad de convertirlo en una palanca de confianza con sus clientes”. Gabriela Aguilar
Para las pequeñas y medianas empresas, este desafío puede ser especialmente relevante. Muchas pymes cuentan con menos recursos para desarrollar sistemas de recopilación y análisis de información, aunque también pueden encontrar en el pasaporte digital una oportunidad para diferenciar sus productos.
Desde B Lab Spain apuntan que las empresas deberían empezar a trabajar desde ahora en tres ámbitos: conocer mejor su cadena de valor, establecer sistemas de gobierno del dato de sostenibilidad y entender el DPP como una herramienta estratégica, no solo como una obligación normativa.
“La empresa que lo diseñe solo con miras de cumplimiento va a perder la oportunidad de convertirlo en una palanca de confianza con sus clientes”, explica Aguilar.
Una nueva relación entre empresas y consumidores
El pasaporte digital también puede cambiar la relación entre consumidores y marcas. En un contexto en el que aumentan las dudas sobre algunos mensajes de sostenibilidad y crece la preocupación por el llamado greenwashing, disponer de información verificable puede convertirse en un elemento de confianza. La sostenibilidad dejará de depender únicamente de declaraciones de las empresas y estará más vinculada a datos concretos sobre el producto.
La Comisión Europea considera que el objetivo final es que el sistema funcione para todos los actores de la cadena de valor, incluidas las pymes, mediante estándares comunes, datos reutilizables y herramientas de apoyo.
El pasaporte digital representa, en definitiva, un cambio en la forma de entender los productos. Ya no serán únicamente objetos que se fabrican, venden y desechan, sino bienes con una historia completa que debe poder conocerse. Europa quiere que esa historia sea más transparente, más circular y más sostenible.
