Este sitio web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuaria/o posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestro web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de este sitio web encuentras más interesantes y útiles.
Nueva economía, nueva comunicación
Ilustración: MAIKYMAIK, en la portada del libro ‘Como te lo cuento’ (Jorge San Martín Seral, UNO Editorial, 2026).
Las propuestas se sucedieron. La primera encima de la mesa fue la ley de oferta y demanda. El precio se disparó. Muchos sedientos no pudieron acceder a su disfrute al no gozar de la capacidad adquisitiva del ganador.
Otros sugirieron que el profesor ejerciera su “autoridad” y decidiera quienes apagarían su sed, estableciendo, por ejemplo, cuotas de sorbos y precios fijos regulados. El racionamiento mediante tarjetas de abastecimiento era lo más similar al acceso universal gratuito, establecido como derecho universal pero imposible de satisfacer en su totalidad debido a su severa escasez.
¿Y si se reparte en función de las necesidades? Por ejemplo, más líquido a los alumnos más mayores o a aquellos que habían venido desde más lejos y, por tanto, habían pasado más sed en el viaje… O a los que habían acudido andando en vez de en vehículo… O por mérito o capacidad: premiar al que mejor notas había sacado o al que más se había esforzado…
Entre los riesgos, la posible aparición de un mercado negro de vasos de agua o ineficiencias y molestias si se generaban colas o turnos ¿El primero que llega es el primero que da un sorbo? O la subjetividad en el reparto…
Alguien alertó, además, del uso de la fuerza por parte de algún fornido compañero para apoderarse del líquido elemento. Excepto en el caso de optar por la economía de mercado, era manifiesta la injusticia que se cometía con el único previsor que había traído la botella de agua de su casa que veía su valioso bien expropiado sin justa remuneración.
Con independencia de modo elegido. Era difícil saciar a todos y lograr un bienestar conjunto. Sin embargo, los conocimientos que compartí con los alumnos ese día no me empobrecieron. En el caso de repartir agua, el donante irremediablemente beberá menos y es posible que se quede con sed. En el caso del conocimiento, el aprendizaje por parte de los alumnos no extirpa datos, reglas o historias de la memoria del profesor.
NOTICIAS RELACIONADAS
– El fondo de inversión Paz Mundial
– ¡Ay! ¡Los 7 Magníficos!
– Cambiar las reglas del juego: el nuevo marcador de la sostenibilidad
La economía de los intangibles se basa activos que no se pueden tocar (ideas, software, patentes, marcas, reputación, conocimiento…). Transforman las reglas tradicionales de la escasez. No hay rivales. El coste marginal de replicar el saber es casi cero y los rendimientos, crecientes exponencialmente, se multiplican en cuando se comparten. Por no hablar de otros efectos positivos como la combinación de ideas, entre alumnos y, también, entre docentes que generan una telaraña de innovación y valiosas oportunidades. Prestigio, valor comercial y capacidad de influencia florecen en ecosistemas en donde la comunicación personalizada eleva el discurso frente al algoritmo y la IA.
¿Y cómo comunicar? Leyendo. Aprendiendo. Siendo curiosos. Y encontrando las herramientas adecuadas, los lenguajes amenos y humanos, las confesiones sinceras y valiosas. Como te lo cuento (Jorge San Martín Seral, UNO Editorial, 2026) es mucho más que una panoplia de anécdotas reales. Y digo panoplia porque, efectivamente, en su conjunto completo forman una armadura, un ajuar defensivo del guerrero orador que tiene que enfrentarse a un público y requiere amplia variedad de recursos y opciones.
En ocasiones, nos bloqueamos psicológicamente al hablar frente a otros. Y el problema no es que no conozcamos a los demás. No es que no seamos empáticos (Ortega ya lo denunció en sus Noches. Pero Juan Carlos, no José, el filósofo del siglo pasado). Es que no sabemos quiénes somos nosotros mismos.
Para conectar con nuestros grupos de interés, antes tenemos que hacerlo con uno mismo. Para ayudar a otros seres (humanos o no), antes tenemos que ayudarnos a nosotros. Ser conscientes de nuestros sesgos cognitivos ayuda a reconocer las lagunas de nuestros argumentos. Como que, en muchos casos, no es el qué sino el quién. Mi tía Pilar siempre decía “Lo que en mi madre es virtud, en mi suegra, defecto”. Y reconocía: “Qué majica mi madre que llama por teléfono a las diez de la noche ¡Cuánto se preocupa de nosotros! Si lo hace la suegra: ¡Qué pesada! ¿qué querrá a estas horas?”.

