“La desigualdad no es un tema marginal para los mercados financieros”

¿Puede la desigualdad hacer tambalear a los mercados igual que lo hace el cambio climático? Gabriela Ramos cree que sí. Copresidenta del Grupo de Trabajo sobre Desigualdad y Divulgaciones Financieras de Carácter Social (TISFD), la iniciativa global que busca ordenar la divulgación financiera sobre desigualdad y factores sociales, acaba de publicar su primer borrador para consulta pública. En esta entrevista explica qué propone el marco y por qué la desigualdad ha dejado de ser un asunto ajeno a los balances para convertirse en un riesgo que empresas y mercados ya no pueden permitirse ignorar.
<p>Gabriela Ramos, copresidenta del Grupo de Trabajo sobre Desigualdad y Divulgaciones Financieras de Carácter Social (TISFD).<p>

Gabriela Ramos, copresidenta del Grupo de Trabajo sobre Desigualdad y Divulgaciones Financieras de Carácter Social (TISFD).

Gabriela Ramos ha pasado más de dos décadas en el corazón de los grandes debates económicos globales. Entró en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en 1999 como directora de su Centro en México para América Latina, se trasladó a París en 2006 y, desde finales de 2008, fue directora de gabinete del secretario general, cargo que combinó desde 2009 con el de sherpa ante el G20, el G7 y el Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC).

En 2020, fue nombrada subdirectora general de Ciencias Sociales y Humanas de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). Ahora copreside la iniciativa lanzada en septiembre de 2024 que busca completar un triángulo que ya tenía dos lados trazados: tras el Grupo de Trabajo sobre Divulgaciones Financieras relacionadas con el Clima (TCFD), en 2015, y el Grupo de Trabajo sobre Divulgaciones Financieras relacionadas con la Naturaleza (TNFD), en 2021, llega la iniciativa llamada a llevar las cuestiones sociales y de desigualdad al centro de las divulgaciones financieras.

Su primer borrador, la versión Beta 0.1 que estuvo en consulta hasta este 31 de julio, propone que empresas e inversores divulguen sus impactos, dependencias, riesgos y oportunidades relacionados con las personas.

El TISFD presentó públicamente su marco en el TISFD Madrid Forum 2026, celebrado en la sede de la consultora NFQ, que reunió a representantes de más de treinta organizaciones del sector financiero, empresarial, académico e institucional, entre ellos la méxicana Gabriela Ramos. Aprovechando su paso por la capital española, hablamos con ella sobre el contenido del borrador, su importancia y la consulta pública.

Para empezar, ¿qué es exactamente el TISFD, y en qué medida ayudará a las empresas y a quienes las financian?

El TISFD es una iniciativa global y multisectorial que ayuda a empresas e instituciones financieras a entender y divulgar cómo impactan y dependen de las personas: sus trabajadores, las comunidades, los consumidores. Hoy esa información está fragmentada y es difícil de comparar entre países y sectores, lo que limita las decisiones dentro de las empresas y dificulta que los inversores asignen capital de forma responsable y reduzcan riesgos. El TISFD ofrece un lenguaje común y comparable, construido sobre los mismos pilares que ya usan otros estándares, para que las empresas identifiquen, gestionen y reporten sus impactos, dependencias, riesgos y oportunidades relacionados con las personas, y para que quienes las financian cuenten con información de mejor calidad para tomar decisiones.


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Muchas empresas europeas viven un momento de hartazgo con el reporting de sostenibilidad, entre la Directiva de Información sobre Sostenibilidad Corporativa (CSRD), la Directiva de Diligencia Debida (CSDDD) y los continuos cambios regulatorios.¿Qué aporta el TISFD justo ahora, en medio de esa situación? ¿Por qué no es una carga más?

Entiendo perfectamente esa sensación de saturación, y por eso el TISFD se ha diseñado deliberadamente como un marco de “bloques constructivos”, no como una capa adicional. No pide a las empresas empezar de cero: se apoya en lo que ya exigen el ISSB, el GRI o las normas europeas (ESRS), y ayuda a llenar los vacíos de información que esos marcos no cubren bien, en particular todo lo relacionado con personas y desigualdad. Está pensado para ser práctico y útil para la toma de decisiones, construyendo sobre la base de lo existente. La idea es que las empresas que ya reportan bajo CSRD o ISSB puedan aprovechar gran parte de ese trabajo y simplemente extenderlo donde haga falta.

Usted ha trabajado la desigualdad desde la OCDE, el G20 y la Unesco… El TISFD toma un camino diferente: no entra por la política pública sino por la información financiera. ¿Qué cambia eso? ¿Por qué la vía de las divulgaciones puede lograr lo que otras aproximaciones no han logrado?

Cambia el interlocutor y el incentivo. Cuando la desigualdad se discute solo como política pública, depende de la voluntad de los gobiernos y de los ciclos electorales. Cuando se convierte en información financiera y en algo que afecta los ingresos, los costos, el valor de los activos y el acceso al capital de una empresa, habla directamente el lenguaje de los consejos de administración y de los inversores. Es un complemento importante de las políticas que durante tanto tiempo promovimos para construir sociedades más justas. Se trata de movilizar a un actor fundamental que es el sistema financiero, con su propia lógica de gestión de riesgos y asignación de capital, para que actúe donde antes no tenía ni la información ni el incentivo para hacerlo. Es el mismo camino que siguió el clima con el TCFD.

“Entiendo perfectamente esa sensación de saturación (...) El TISFD no pide a las empresas empezar de cero: se apoya en lo que ya exigen el ISSB, el GRI o las normas europeas, y ayuda a llenar los vacíos de información sobre personas y desigualdad”.

La dimensión social siempre ha sido la más difícil de medir dentro de los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG). ¿Qué ha cambiado para que ahora sea el momento del TISFD? ¿Datos, conciencia inversora, capacidad técnica…?

Han cambiado varias cosas a la vez. Primero, la propia experiencia con el clima y la naturaleza: el TCFD y el TNFD ya construyeron una arquitectura de divulgación que ahora podemos adaptar a las personas, en lugar de empezar desde cero. Segundo, los datos son contundentes sobre el estancamiento salarial, crisis de asequibilidad, desigualdad como para que los inversores la sigan tratando como algo secundario. Y tercero, hemos logrado reunir en una misma mesa a empresas, inversores, sindicatos, sociedad civil y académicos, lo que da al TISFD una legitimidad técnica y social que antes no existía para abordar la dimensión social. Es esa combinación de urgencia, experiencia previa y alianza amplia la que hace que este sea el momento.

El TISFD sostiene que la desigualdad no es solo un problema social, sino un riesgo sistémico para los mercados. ¿Puede explicar esa lógica con un ejemplo concreto, algo que entienda un director financiero o un consejo de administración?

Pensemos en el ejemplo más directo: el estancamiento salarial y la crisis de asequibilidad erosionan el poder de compra de los hogares. Eso no es solo un problema social, es una caída de la demanda agregada que afecta los ingresos de las empresas que venden a esos hogares. A escala de todo el sistema, una alta desigualdad resulta en necesidades básicas no resueltas que debilitan la cohesión social, reducen la productividad y aumentan la fragilidad del sistema financiero en su conjunto. Para un director financiero esto se traduce en menor crecimiento de ingresos, mayor volatilidad y, en última instancia, en un riesgo de mercado que ningún inversor diversificado puede evitar comprando otra acción: es un riesgo sistémico, no específico de una empresa.

“La desigualdad no es un tema marginal para los mercados financieros”

La mexicana Gabriela Ramos durante su participación en el TISFD Madrid Forum 2026, celebrado en la sede de la consultora NFQ.

El marco pide a las empresas que informen no solo de cómo los problemas sociales (pobreza laboral, desigualdad, condiciones de la cadena de suministro) les afectan a ellas, sino también de cómo sus propias decisiones contribuyen a generar esos problemas. ¿Es realista pedir eso a la mayoría de empresas hoy? ¿Cuál de las dos partes, el impacto que reciben o el impacto que generan, les va a costar más reportar?

Es una pregunta justa, y la respuesta honesta es que no será igual de fácil para las dos partes. Reportar las dependencias —de qué manera la empresa necesita trabajadores capacitados, comunidades estables, instituciones que funcionen— está relativamente más cerca de lo que ya hacen con la gestión de riesgos. Reportar los impactos que la propia empresa genera, especialmente en su cadena de suministro, costará más porque exige reconocer la responsabilidad sobre decisiones propias, como salarios o condiciones laborales en proveedores, y requiere un diálogo genuino con las personas afectadas. Por eso el marco pide explícitamente describir cómo se ha dialogado con esos grupos, y por eso planteamos un enfoque gradual, de bloques, que dé tiempo a las empresas a desarrollar esa capacidad. Una parte adicional es la cuestión sistémica, respecto de cómo el funcionamiento de las empresas a nivel global, actuando de diferente forma en diferentes mercados, optimizando el pago de impuestos o maximizando ganancias incluso a través de la recompra de sus propias acciones plantea el reto más importante de medición, pero que es esencial en este ejercicio.

El borrador hace explícita la vinculación entre desigualdad y acción climática. ¿Cómo se conecta esto en la práctica? ¿Puede dar un ejemplo de cómo debería leerlo un inversor o una empresa en su estrategia?

La desigualdad y el clima están profundamente conectados: el deterioro ambiental y el cambio climático agravan la desigualdad y erosionan el bienestar de las personas, y eso, a su vez, debilita el apoyo social a la propia transición verde. Un ejemplo práctico es la transición justa en torno al cierre de plantas de carbón o petróleo: si una empresa o un inversor solo gestiona el riesgo de activos varados sin atender la recapacitación de los trabajadores y el impacto en las comunidades que dependían de esa planta, genera un riesgo social que puede frenar políticamente toda la transición. Por ello, la transición justa también es una gestión de riesgo climático bien hecha.

El TISFD está alineado estructuralmente con el TCFD y el TNFD para permitir un enfoque integrado entre personas, clima y naturaleza. Pero en la práctica, las empresas ya gestionan múltiples marcos, entre ellos las Normas Internacionales de Información Financiera sobre Sostenibilidad (ISSB) y los estándares de la Iniciativa de Reporte Global (GRI). ¿Qué significa ‘integrar’ en concreto? ¿Un único informe, métricas compartidas, algo más conceptual?

Por ahora, integrar significa sobre todo coherencia estructural: el TISFD usa los mismos cuatro pilares: gobernanza, estrategia, gestión de impactos y riesgos, y métricas y objetivos que ya utilizan el TCFD, el TNFD y el ISSB. Eso permite a una empresa insertar la información sobre personas en la misma arquitectura de reporte que ya tiene, en lugar de crear un sistema paralelo. No estamos, en esta versión, exigiendo un informe único ni métricas compartidas obligatorias; eso es parte del trabajo futuro, especialmente en métricas. Lo que sí buscamos desde ya es que los equipos de sostenibilidad piensen de forma integrada los vínculos entre personas, naturaleza y clima, en lugar de tratarlos como compartimentos separados.

El borrador incluye fundamentos conceptuales y recomendaciones de divulgación preliminares, pero deja las métricas y la guía de implementación para versiones posteriores. ¿Qué partes del borrador considera más sólidas y en cuáles sabe que queda trabajo por hacer antes de la versión final de 2027?

Lo más sólido, creo, son los fundamentos conceptuales: las definiciones de impactos, dependencias, riesgos y oportunidades relacionados con las personas, y cómo se conectan con los derechos humanos, el bienestar y el capital humano y social. Ahí hay un consenso técnico bastante robusto. Donde sabemos que queda trabajo, y lo decimos explícitamente en el borrador, es en identificar los principales motores de los riesgos sistémicos y sus vías de transmisión, en la guía práctica de identificación y evaluación para las empresas, en el análisis de escenarios y, sobre todo, en las métricas y objetivos, que dejamos deliberadamente para versiones posteriores. Llegar bien a esa parte antes de 2027 es nuestra prioridad.

“Lo que sí buscamos desde ya es que los equipos de sostenibilidad piensen de forma integrada los vínculos entre personas, naturaleza y clima, en lugar de tratarlos como compartimentos separados”.

América Latina presenta de forma persistente algunos de los niveles de desigualdad de ingresos más altos del planeta, junto a tasas elevadas de pobreza laboral e informalidad, una realidad que también toca, en otras formas, a España. ¿Por qué le interesa a esta región participar en la consulta de este borrador? ¿Qué puede aportar su experiencia a un marco de vocación global?

Porque la experiencia de América Latina con la informalidad laboral, la pobreza en el empleo y niveles de desigualdad persistentes es exactamente el tipo de realidad que un marco con vocación verdaderamente global no puede ignorar. Si el TISFD se construyera solo con la experiencia de mercados de trabajo formales y economías avanzadas, dejaría fuera buena parte del mundo en sus propias dinámicas de desigualdad y precariedad. La región puede aportar una mirada práctica sobre cómo medir y gestionar estos temas en contextos de alta informalidad, y participar ahora, durante la consulta, es la oportunidad de influir en las reglas antes de que se cierren, en lugar de tener que adaptarse a ellas después. Cabe recordar, además que América Latina es una de las regiones más desiguales del mundo, y por ello, establecer una narrativa sólida sobre el riesgo económico de las desigualdades en la región es esencial.

¿Cuál sería, para usted, el signo de que el TISFD ha cumplido su misión dentro de diez años? ¿En qué mundo viviríamos?

Dentro de diez años sabré que el TISFD ha cumplido su misión si la información sobre personas es tan rutinaria, comparable y útil para decidir como hoy lo es la información financiera o climática: si un inversor puede comparar el desempeño social de dos empresas con la misma facilidad con que compara sus emisiones de carbono. Pero el verdadero indicador de éxito no será solo técnico, sino real: viviríamos en un mundo donde el capital efectivamente premia a quienes invierten en el bienestar de sus trabajadores y comunidades, y penaliza a quienes generan desigualdad, y donde eso se traduce en brechas más estrechas entre las personas, no solo en mejores informes.

Para finalizar, ¿hay algo que le gustaría añadir y que considere importante compartir con nuestros lectores?

Sí, me gustaría subrayar que este es un borrador, una Beta 0.1, precisamente porque queremos que se discuta, se cuestione y se mejore con la experiencia de quienes lo van a usar. La desigualdad no es un tema marginal para los mercados financieros, es ya parte de cómo se construyen o se destruyen el crecimiento y la estabilidad a largo plazo, y agradezco mucho a quienes se tomen el tiempo de leer el borrador y darnos su opinión.

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