La formación como trampolín hacia trayectorias laborales sólidas

Existe un factor fundamental en el ámbito del mercado laboral, y es la calidad del empleo que muchas veces damos por sentado, pero que solo se consigue si nos preparamos para ello.
La formación como trampolín hacia trayectorias laborales sólidas

Es importante entender que esta se construye mucho antes de la evolución del mercado laboral o de los indicadores económicos. Más allá de ello, empieza en cada oportunidad de aprender, en los procesos formativos que permite desarrollar nuevas capacidades

Podemos decir que la formación es el espacio donde se empieza a definir un futuro profesional más sólido, especialmente para las personas con discapacidad, pues es ahí donde se adquieren competencias que facilitan desenvolverse en entornos laborales cambiantes, se refuerza la autonomía personal y se genera la seguridad necesaria para afrontar nuevos retos. Por ello hay que tener en cuenta que la formación tiene que ser accesible para quien la requiera, de esta forma, consigue estar alineada con las necesidades reales del mercado y se convierte en una herramienta decisiva para avanzar hacia un empleo de calidad.

Nuestro informe Radiografía del mercado laboral de las personas con discapacidad confirma esta realidad. Los datos reflejan que el nivel educativo es uno de los factores que más condiciona la participación en el empleo. En concreto, la tasa de actividad crece de manera notable entre quienes alcanzan estudios superiores y la probabilidad de acceder a un empleo estable aumenta de forma significativa. Este avance se explica por la capacidad de adquirir competencias que permiten acceder a ocupaciones más diversas y menos expuestas a la precarización.

El informe también muestra que el mercado laboral de las personas con discapacidad sigue teniendo un marcado perfil sénior. Siete de cada diez personas ocupadas tienen más de 45 años. Esta realidad evidencia la importancia de la actualización continua, porque, tal y como ocurre con el talento sin discapacidad, quienes llevan más tiempo en el mercado laboral necesitan reforzar sus competencias para adaptarse a un entorno que cambia con rapidez, con lo cual la formación se convierte en un apoyo que permite mantenerse activo, mejorar la empleabilidad y afrontar con mayor seguridad los cambios que ya están transformando sectores enteros.

A esta situación se suma otro elemento relevante. Y es que, aunque la última década ha traído avances educativos importantes, todavía persisten niveles formativos bajos que condicionan la participación laboral. La reducción del paro y el aumento del empleo no se distribuyen de manera homogénea entre todos los grupos. Eso se constata con datos que muestran que las personas con menor nivel educativo siguen encontrando más barreras para acceder a un empleo de calidad y, en muchos casos, quedan relegadas a ocupaciones con menor estabilidad y proyección. Entonces, la formación es, a su vez, una herramienta que contribuye a reducir desigualdades que se arrastran desde hace años.

También observamos que la estructura del mercado laboral en el caso de las personas con discapacidad continúa muy concentrada en sectores y ocupaciones de baja cualificación, concentración que limita las oportunidades de crecimiento profesional y aumenta la vulnerabilidad ante procesos de automatización o cambios tecnológicos. En estos casos, la formación permite acceder a sectores emergentes donde la demanda de talento es creciente; preparar a las personas con discapacidad para estos nuevos espacios laborales es una oportunidad que no podemos desaprovechar. Pues, más allá del dato, somos conscientes de que un mercado laboral que no incorpora todo su talento disponible pierde capacidad de innovación y de respuesta ante los cambios que ya están transformando la economía.


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En Fundación Randstad lo vemos cada día. Acompañamos a personas que encuentran en la formación un punto de inflexión para reconstruir su trayectoria profesional y acceder a oportunidades que antes parecían fuera de su alcance. También trabajamos con empresas que descubren el valor del talento diverso cuando cuentan con programas formativos que preparan a las personas para desempeñar funciones reales, con apoyos adecuados y con una visión inclusiva del aprendizaje. Con este bagaje, confirmamos que la formación actúa como un puente entre quienes buscan una oportunidad y quienes necesitan profesionales preparados para afrontar los desafíos del futuro; también como un motor para el progreso de la sociedad en general y del tejido empresarial.

Sabemos que aún existen brechas educativas y digitales que afectan especialmente a quienes parten de situaciones de mayor vulnerabilidad. Por eso impulsamos modelos formativos flexibles y accesibles, capaces de acompañar a cada persona en su propio proceso de aprendizaje. La formación es un camino que no termina, un proceso que evoluciona con las necesidades del mercado y con las aspiraciones de quienes buscan una oportunidad. Si este camino está bien trazado, se puede convertir en una verdadera palanca de empleo de calidad.

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